domingo, 16 de fevereiro de 2025

Los Poetas del Amor... Miguel Hernández (España)

Los Poetas del Amor (110)



Miguel Hernández, el Poeta del Pueblo






VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN

Os ventos do povo me carregam,
os ventos do povo me arrastam,
Eles espalharam meu coração
e eles jogam fora da garganta.

Os bois curvam suas testas,
impotentemente manso,
antes das punições:
os leões a levantam
e ao mesmo tempo eles punem
com sua pata clamorosa.

Eu não sou de uma cidade de bois,
Eu sou de uma cidade que está tomada
depósitos de leões,
desfiladeiros de águias
e cadeias de montanhas de touros
com orgulho no mastro da bandeira.
Os bois nunca prosperaram
nos pântanos da Espanha.
Quem falou em colocar um jugo
no pescoço desta raça?
Quem colocou o furacão
nunca jugos ou grilhões,
Ninguém parou o raio
prisioneiro numa gaiola?

Asturianos de bravura,
Bascos de pedra blindada,
Valencianos da alegria
e castelhanos de coração,
lavrado como a terra
e graciosa como asas;
Andaluzes do relâmpago,
nascido entre guitarras
e forjado em bigornas
torrentes de lágrimas;
extremos de centeio,
Galegos de chuva e calma,
Catalães de firmeza,
Aragonês de nascimento,
Múrcios de dinamite
propagado por frutos,
Leoneses, navarro, proprietários
de fome, suor e machado,
reis da mineração,
senhores da fazenda,
homens que entre as raízes,
como raízes galantes,
você vai da vida para a morte,
você vai do nada ao nada:
Eles querem colocar jugos em você
gente da erva,
jugos que você deve deixar
quebrados de costas.
Crepúsculo dos Bois
o amanhecer está raiando.

Os bois morrem vestidos
de humildade e cheiro de estábulo:
as águias, os leões
e os touros da arrogância,
e atrás deles, o céu
Não fica nublado nem acaba.
A agonia dos bois
tem um rosto pequeno,
o do animal macho
toda a criação cresce.

Se eu morrer, deixe-me morrer
com a cabeça erguida.
Morto e vinte vezes morto,
a boca contra a grama,
Vou cerrar os dentes
e a barba foi decidida.

Cantando espero a morte,
que há rouxinóis que cantam
acima dos rifles
e no meio de batalhas.






Poemas recitados. Um espaço para poesia recitada na voz de Tomás Galindo.
Música de fundo: Montana Skies - Gringo Flamenco


Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.


Poemas de Miguel Hernandez

00:03 Para la libertad
01:32 Andaluces (Aceituneros)

03:43 Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

06:26 El niño yuntero

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombre jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


09:00 Vientos del pueblo -v

11:59 Elegía - A Ramón Sijé

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


14:53 Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío

Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda..

¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.





_________________

     Em Orihuela, um pequeno povoado do Levante espanhol, rodeada do oásis exuberante da huerta del Segura, nascido Miguel Hernández em 30 de outubro de 1910. Filho de um contratante de ganado, sua infância e adolescência transcorrem pela aireada e luminosa serra oriolana tras um pequeno ódio de cabras. No meio da naturalidade contemplamos maravilhados seus mistérios: a lua e as estrelas, a luz, as propriedades de diversas hierbas, os ritos da fecundação dos animais. Por las tardes ordeña las cabras e se dedique a repartir la leche pelo vecindario. Só a breve paréntesis de uns anos interrompeu esta vida para ajudar a Escola da Ave Maria, anexa ao Colégio de Santo Domingo, onde estuda gramática, aritmética, geografia e religião, descobrindo seu extraordinário talento. Em 1925, nos primeiros anos de idade, você abandonou o colégio para voltar a conduzir cabras pelas cercanias de Orihuela. Mas ele sabe embelezar esta vida monótona com a leitura de numerosos livros de Gabriel e Galán, Miró, Zorrilla, Rubén Dario, que caíram em suas mãos e depositaram em seu espírito ávido o germe da poesia. Às vezes se escrevia versos à sombra de uma árvore realizando seus primeiros experimentos poéticos. Ao atrasar merodea pelo vizinho conhecendo Ramón e Gabriel Sijé e os irmãos Fenoll, cuja panaderia se convierte na tertúlia do pequeno grupo de aficionados às letras. Ramón Sijé, jovem estudante de direito na universidade de Múrcia, o orientou em suas palestras, o guia para os clássicos e a poesia religiosa, a correção e a alienação para prosseguir sua atividade criadora. O mundo de suas palestras é amplo. O jovem pastor estava levando a cabo um maravilhoso esforço de autoeducação com livros que você encontra na biblioteca do Círculo de Belas Artes. Dom Luis Almarcha, cônigo desde a catedral, orienta suas palestras e presta também livros. Poco a poco irá ler os grandes autores do Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón, Góngora e Garcilaso, junto com alguns autores modernos como Juan Ramón e Antonio Machado. No chifre de Efén Fenoll, que está muito perto de sua casa, passa longas horas em agradável tertúlia discutindo de poesia, recitando versos e recebendo preciosas sugestões do culto Ramón Sijé que acude allí a visitar sua novia Josefina Fenoll. Desde 1930, Miguel Hernández começou a publicar poemas no semanário El Pueblo de Orihuela e no diário El Día de Alicante. Seu nome começou a soar em revistas e diários levantinos.
     A eclosão da Guerra Civil em julho de 1936 o forçou a tomar uma decisão. Miguel Hernández, sem dúvida, encara com integridade e entusiasmo a República. Ele não só entrega toda a sua pessoa, mas sua criação lírica também se torna uma arma de denúncia, um testemunho, um instrumento de luta, às vezes entusiasmada, às vezes silenciosa e desesperada. Como voluntário, ele se juntou ao 5º Regimento, após uma viagem a Orihuela para se despedir de sua família. Ele foi enviado para construir fortificações em Cubas, perto de Madri. Emilio Prados consegue ser transferido para a 1ª Companhia do Quartel-General de Cavalaria como Comissário de Cultura do Batalhão El Campesino. Passa por várias frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá. 
     No meio da guerra, ele conseguiu escapar brevemente para Orihuela para se casar com Josefina Manresa em 9 de março de 1937. Poucos dias depois, ele teve que marchar para a frente de Jaén. É uma vida muito agitada de viagens contínuas e atividade literária. Tudo isso e a tensão da guerra fizeram com que ele desenvolvesse anemia cerebral aguda, o que o obrigou, por prescrição médica, a se retirar para Cox para se recuperar. Várias obras curtas de Teatro na Guerra e dois livros de poemas que permaneceram como um vigoroso testemunho deste momento de guerra: Viento del pueblo (1937) e El hombre acecha (1939).
     Na primavera de 1939, diante da dissolução geral da frente republicana, Miguel Hernández tentou cruzar a fronteira portuguesa e foi devolvido às autoridades espanholas. Assim começa sua longa peregrinação pelas prisões: Sevilha, Madri. É difícil imaginar a vida nas prisões nos meses após a guerra. Inesperadamente, em meados de setembro de 1939, ele foi libertado. Infelizmente, movido pelo amor à família, ele vai para Orihuela, onde é novamente preso no seminário de San Miguel, que foi transformado em prisão. O poeta — como ele mesmo diz com amargura — continua "percorrendo" as prisões de Madri, Ocaña, Alicante, até que seu corpo indefeso desenvolve uma "tuberculose pulmonar aguda" que se espalha para ambos os pulmões, atingindo proporções tão alarmantes que até mesmo a tentativa de transferi-lo para o Sanatório Penitenciário de Porta Coeli é impossível. Em meio a dores excruciantes, hemorragias agudas e ataques de tosse, Miguel Hernández está definhando inexoravelmente. Em 28 de março de 1942, ele morreu aos trinta e um anos.


Museu Miguel Hernández

Miguel Hernández, poesia. 
Este é um documentário sobre recepção de visitantes que traz um perfil pessoal e literário do poeta. É uma prévia, uma síntese do que o visitante verá no museu.



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